2 de octubre de 2011

Reflexiones con un café

Es muy habitual que los domingos por la mañana cuando estoy trabajando en este pequeño estudio que tengo montado en una parte de mi habitación (las cual no es que sea el despacho oval), aproveche a mitad mañana para un pequeño receso y me traiga una taza de café con leche, recalentada en el microondas del café que he hecho por la mañana. Imprescindible para hechas combustible al cuerpo y mantener la concentración, para no dejarme llevar por la desidia.

En estos momentos suelo mirar sobre lo que estoy trabajando y repasar el proyecto en cuestión. Cuando estoy en ese proceso siempre miro que llevo realizado, que queda, sin voy bien con las fechas y sobretodo me reafirmo en los objetivos.

Es un momento de intimidad entre mi obra, mi persona y un café (de fondo siempre algo de música, somo acostumbro trabajar)

Así es un domingo cualquiera desde primera hora de la mañana, poco importa si ayer salí o me acosté a als tantas, en esta profesión no hay horario salvo le que tu te pones y si quieres seguir adelante ha de ser de 365 días al año, 7 días a la semana.

Podría decir que qué sufrido queda lo dicho. El "sufrimiento del artista en su creatividad y trabajo"... etc, etc... Por favor, que nadie me llame artista, más bien mi trabajo es el de un artesano. Pero algún día profundizaré sobre ello, hoy no es el momento.

Es precisamente sobre los proyectos y mi experiencia sobre lo que estoy divagando he decidido compartir.

En el tiempo que llevo en esta, digamos con cierta duda, profesión, me he llevado muchas lecciones a la espalda. Todas constructivas, pero la mayoría dolorosas.

Siempre que he dado alguna charla más de un chico que rara vez alcanza los veinte años siempre me pregunta:

"¿Qué hace falta para ser dibujante?

En ese momento le miras a esos ojos llenos de fuerza y esperanza que te observan dispuesto a recibir de tus palabras la clave del éxito, la piedra filosofal que tú conoces para de la noche a la mañana ser un Katsura, un Lee, un Shirow o autor idolatrado cualquiera cubriéndose de éxito y admiración de sus allegados y desconocidos.

Meditas la respuesta... piensas en qué le puedes decir sabedor que no existe esa "clave" (y que si la supieras estarías contando billetes como Toriyama o Takahashi derivados de los derechos de tu obra). Al final sólo sabes una, la que has estado usando hasta ahora y que, a parte de la suerte, es la única que funciona.

"La constancia"

Pero sabes que ella no te garantiza nada, sólo et da la posibilidad. Porque si te gusta dibujar, lo seguirás haciendo, da igual como te vaya la vida.

Pero hay otra recomendación que siempre prefiero no decir a esa persona encendida por la chispa de llegar a ser autor.

"Hasta que llegue ese momento, ten un trabajo y una nómina"

Porque seamos sinceros, en algún otro país con mayor tradición editorial y con una potente industria si que puedes vivir de tus dibujos, pero en un país como España podrás llegar muy alto, pero cuando escales esa montaña sólo ves una colina. Ser el rey de la colina, poco mérito tiene y ves que ahí afuera hay montañas mucho más altas.

Es por ello que siempre aplaudo las iniciativas de las pequeñas editoriales, cargadas de ánimo y que arriesgan con nuevas ideas. Tal vez así, algún día esta colina llegue a ser una montaña.

Mientras... seguiré observando otras cumbres y tratando de llegar a ellas.